Durante años hemos asociado la longevidad con la tercera edad. Pensamos en vivir más cuando ya somos mayores. Pero la realidad es otra: la longevidad empieza mucho antes.
A partir de los 45 años el cuerpo comienza a cambiar de forma silenciosa. Disminuye la masa muscular, el metabolismo se vuelve menos eficiente y el estrés impacta más de lo que creemos.
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