Te voy a contar algo que durante mucho tiempo me costó reconocer.
Hubo una época en la que me levantaba todos los días agotado.
Había dormido, sí. Pero no descansaba de verdad.
Llegaba al mediodía con la cabeza espesa, por la tarde no tenía energía para nada y por la noche acababa tirado en el sofá mirando el móvil hasta quedarme dormido.
Y al día siguiente otra vez igual.
Pensaba que era el trabajo. O la edad. O simplemente “lo normal”.
Pero con el tiempo entendí algo importante:
👉 sentirse así constantemente no debería normalizarse.
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