Hubo una época en la que pensaba que estaba simplemente cansado.
Me levantaba con sueño. Necesitaba café para arrancar. Llegaba a la tarde sin energía y terminaba el día con la sensación de haber ido siempre un paso por detrás.
Lo curioso es que no me encontraba enfermo. Mis análisis eran normales. Seguía trabajando, entrenando y haciendo vida normal.
Pero algo había cambiado.


