Durante mucho tiempo pensé que mientras el peso no subiera demasiado, todo iba bien.
La ropa me seguía entrando. Podía hacer mi vida normal. No me consideraba una persona sedentaria.
Pero un día empecé a notar pequeños cambios.
Me costaba más levantar una maleta. Subir unas escaleras me cansaba antes. Recuperarme después de entrenar llevaba más tiempo.
No ocurrió de golpe.
Había sucedido poco a poco, casi sin darme cuenta.

